La Voz que Escribe
No todo lo que soy cabe en un nombre.
Desde 1979 respiro entre acordes y silencios en la Orquesta Filarmónica de Bogotá, donde la música me enseñó a escuchar lo invisible y a comprender que cada nota es un estado del alma.
Desde 1982 pinto, y en más de cuatrocientas obras he intentado descifrar el lenguaje secreto de la luz —esa frontera entre lo que vemos y lo que recordamos.
Algunas de ellas habitan en sugerea.net, como huellas de un viaje interior hecho color.
He vivido entre partituras, pigmentos y palabras, buscando en cada arte una forma distinta del mismo silencio.
Mi oficio no es solo crear, sino recordar: dejar que la memoria del fuego se manifieste en sonido, forma o palabra.
Durante décadas recorrí escenarios, orquestas y ciudades, convencido de que el arte no existe para entretener, sino para revelar.
He aprendido que la belleza no está en lo que brilla, sino en lo que respira detrás del brillo;
que el arte, cuando es verdadero, no adorna: despierta.
Creo en la música como plegaria, en la pintura como espejo del alma y en la literatura como alquimia del espíritu.
Todo lo que creo busca una sola cosa: que quien lo contemple recuerde —aunque sea por un instante— que todavía está vivo.